“El peor año de la historia reciente para la agricultura valenciana”. Así resume la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) el balance de un 2024 “vapuleado por la devastación de la dana, pero también por la sequía, las plagas y enfermedades, los altos costes de producción, la competencia desleal de las importaciones, la fauna salvaje y los robos”. La organización presidida por Cristóbal Aguado desde 1997 estima unas pérdidas récord de 1.870 millones de euros, de los que más de 80 millones atribuye a los problemas fitosanitarios.
Tres meses después de la dana, ¿cuál ha sido su impacto en la agricultura valenciana?
2024 es un año agrario extraordinario, quizá el peor de los últimos tiempos, porque al mal año agrario se suman los efectos de la dana, que ha generado un daño económico y profesional en algunas comarcas más que devastador. Han desaparecido campos enteros. Muchos agricultores, además, han perdido sus casas en las zonas afectadas, sus recuerdos, su patrimonio. Es una verdadera barbaridad.
¿Está satisfecho con las medidas impulsadas por las distintas administraciones para paliar sus efectos y compensar a los agricultores afectados?
Las ayudas aprobadas hasta el momento para el sector agrario son insuficientes, discriminatorias y lentas. La cuantía de las medidas de apoyo decretadas apenas cubre la tercera parte de los daños reales. Incluso en el caso de que explotaciones o viveros alcancen la ayuda de minimis máxima de 25.000 euros, resultará irrisoria para compensar los destrozos sufridos, renovar la maquinaria y recuperar el potencial productivo, en caso de replantación de cultivos leñosos a partir de cinco años. Además, miles de agricultores afectados no recibirán ni un euro. Las ayudas directas para autónomos dejaron fuera a más del 80% de los agricultores afectados, ya que la gran mayoría de los agricultores valencianos o son jubilados no autónomos, o cuidan los huertos familiares a tiempo parcial.
Tres meses después, aún estamos peritando, hay agricultores que aún no pueden regar y dan por perdida la cosecha. La falta de dirección del Gobierno y su falta de coordinación con el resto de administraciones implicadas también ha retrasado las reparaciones de las infraestructuras agrarias.
