El cultivo de la vid en Extremadura está bien documentado desde el siglo VI a.C., especialmente por los restos arqueológicos del yacimiento tartésico de Cancho Roano y por el icónico kylix de Medellín. Ya en el periodo romano, destacan el mosaico de la Casa del Anfiteatro en Mérida (vendimia y pisa de la uva) y los yacimientos de Torre Águila y de La Mata, habiéndose encontrado incluso pepitas de uva en ofrendas rituales funerarias (Torres-Vila y Mosquera-Müller, 2004). La historia del cultivo de la vid ha estado irremediablemente asociada a sus plagas y enfermedades, las cuales prosperaron a raíz de la domesticación y el monocultivo. De tal coexistencia existen muchas referencias históricas, en su mayoría poco específicas, incluyendo entre otras las de Moisés, Aristóteles, Teofrasto, Catón, Columela, Plinio el Viejo, Paladio, San Isidoro y Abú Zacaría (Torres-Vila & Mosquera-Müller, 2015). Llegada la Era Moderna, las fuentes impresas suministraron información más precisa para la protección del viñedo (e.g., Herrera, 1513).
Algunos tratados pre-linneanos ya permiten discernir por su morfología y/o síntomas muchos insectos y enfermedades, si bien resultan insuficientes para perfilar la idiosincrasia fitosanitaria de la vid a escala regional (Torres-Vila y col., 2009). Aquí presentamos las plagas y enfermedades de la vid documentadas en Extremadura a lo largo de cuatro siglos (años 1501-1900), así como las actuaciones y métodos de control desplegados para combatirlas, usando como fuente documental los Libros de Acuerdos de sus ayuntamientos.
